16’73 metros variables

atencion

Colectivo 16’73 metros variables. Acción simultanea

Hilo Performático. Sporting Club Russafa. 09-05-2014

 

La lengua saliva.

Saliva la cuerda.

Cuerda y saliva y lengua.

Muchas lenguas pisando el escenario.

Esa lenguas que luego, seguro,

chupan cosas. Las lenguas

silenciosas, que cosas.

 

Aire,

aliento, lenguaje, lenguaje.

 

Mi padre sufre de apnea,

a veces por la noche se queda medio

dormido y hace ruidos raros con la

respiración. Le falta el aire.

Hay veces que no estoy seguro de

si está respirando o no.

Cuando me voy a dormir y dejo de

vigilarlo a veces sueño con

su muerte. En uno de esos

sollozos está la muerte.

 

16,73 mv

La pluma es algo que no entiendo.

No tiene sentido. Quizá tenga algo

que ver con las piedras. Las piedras

y los huesos no se llevan bien. Es como

la erosión. Te acaban matando.

Ni piedras contra huesos ni piedras

contra riñón. Hay piedras en los ríos.

Piedras duras. No sé si me explico.

 

Imagínate que golpeas muy fuerte la piedra contra el suelo,

ahora piensa en una rodilla. Pues eso.

Recuerdo la boca de un amigo estallando contra una piedra.

 

Mucha violencia, poca salud.

Poca tacto diría, aunque muy táctil.

 

Boton narraciones

 

 

Colectivo 16'73 metros variables - Hilo performatico II - (www.lasposterioris.wordpress.com)

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La primera acción es del grupo 16’73 metros variables, un equipo de trabajo también más o menos variable, salido directamente de la clase de performance que imparte con generosidad desde hace 25 años (¿no se merecería una celebración con velas?) el artista Bartolomé Ferrando en la Facultat de Belles Arts de València. Esto implica que es gente jovencita y sin experiencia. Su mayor valor es el hecho de estar investigando el medio desde cero, por lo que se puede afirmar que confirma uno de los tópicos de la performance: que estamos en un medio eternamente emergente, incapaz de acumular experiencias, que se apoya generalmente en cuestiones personales, privadas, no en las lógicas de la experimentación ética-estética. Es decir, que no existe proyecto público. Y de aquí llegamos a la segunda cuestión: que hay que apoyar al arte joven, proveerle de espacios en los que trabajar (en el caso de la performance coinciden la experimentación con la exhibición, puesto que se parte del cuerpo y de la acción del artista).

Escenario enmoquetado en negro de unos 6 x 6 m y apenas 20 cm de alto (lo han reducido a la mitad desde la sesión anterior). Las primeras en salir son Isabel G. Mondragón y Lorena Izquierdo, de las que ya hemos registrado dos de sus acciones (véase Incubarte6 e Hilo performático I). Primero Isabel, lentamente, por la derecha del escenario; tres o cuatro metros detrás de ella, Lorena, por el ángulo derecho. Lentamente se van incorporando los miembros del grupo: otra chica por la izquierda, un chico por la derecha; chica por la izquierda, chica también por la izquierda, chico por delante, por la derecha; chica por delante, por la izquierda; chica por la izquierda, chica derecha. En total diez personas: ocho chicas y dos chicos. Van vestidos de negro pero de forma informal: mallas, jerséis, camisetas, pantalones cortos… También su estilo es muy distinto: coexisten pelos cortos con largas melenas lacias, medias melenas rizadas, recogidos…

Todos salvo una chica llevan consigo hilos rojos de unos 50 centímetros, parecen bastante gruesos, como de lana. La excepción lo lleva blanco. El hilo puede aludir al título del ciclo: “Hilo performático”. Llevan o se ponen el hilo en la boca; no entiendo si entre los dientes, a manera de hilo dental, o enrollado a la lengua (más tarde nos confirman que es la segunda opción). Excepto por un chico que tira de un extremo del hilo verticalmente, por encima de su cabeza, en principio todos manejan el hilo horizontalmente, con las dos manos. Deambulan sin tropezarse, muy lentamente, azarosamente. Lorena tira fuerte del hilo, parece que se va a hacer daño. Durante unos minutos mantienen la actividad con cierta solemnidad: con lentitud, como recreándose en el gesto, sin parar de desplazarse por el escenario.

Llegado un cierto momento, y parece que en el mismo orden y en el mismo ritmo en que han entrado en escena, van dejando caer los hilos. Tras esta parte “vertical” de la acción, inician una segunda parte horizontal. Van dejando caer plumas sobre el suelo, e intentan arrastrarlas con la fuerza de su aliento, con la boca abierta –sin soplar. De nuevo se van incorporando todos escalonadamente. Al exhalar con fuerza, algunas hacen un fuerte sonido, como una queja muy dramática, que no les hace perder su solemnidad sino que aumenta su dramatismo, los aspectos sufrientes o sacrificiales del rito. Algunos consiguen desplazar su pluma varios decímetros, pero otros apenas consiguen moverla del sitio. Algunas exhalaciones son muy sonoras, otras apenas audibles. Esta acción dura unos minutos. Lo más destacado es que a dos de los perfórmers se les sale la pluma del escenario, lo cual no impide que sigan con su acción.

Se inicia la tercera y última parte de la performance: Creo que la que marca la acción es Lorena Izquierdo: toma una piedra caliza (están situadas todas al final del escenario), un canto rodado blanco del tamaño de un puño y deambula con él. Viene a la parte más exterior del escenario, se levanta un poco la camiseta y empieza a golpearse en la ingle derecha. Hace un sonido sordo. Poco a poco sus compañeras van abandonando las plumas y también toman sus piedras. Cada una se golpea en una parte distinta del cuerpo: sobre el pecho, en el brazo, en el hombro, en el muslo, sobre el pie, sobre la mano… Algunos alternan los golpes sobre el cuerpo con golpes en el suelo, haciendo rodar las piedras con el pie, pisándolas, arrastrándolas con fuerza o tiernamente. El grupo se dispersa con lentitud: cinco participantes se quedan sobre los márgenes del escenario, cinco más en el “proscenio”, entre la tarima y el público. En algún momento hay dos chicas de pie y los otros ocho están actuando por el suelo. Finalmente se va haciendo el silencio. Movimientos dramáticos, a veces afectados, teatrales o dancísticos. Se va deteniendo el ritmo. Se van retirando. Los dos últimos, chico y chica, reinician un vivo diálogo rítmico de percusión sobre el suelo; el chico, delante de mí, consigue descascarillar la pintura y un poco del cemento. Se retiran y fin.

Han sido 16 minutos de evoluciones con hilos, plumas y piedras. Los cuerpos desplazándose con movimientos lentos, en vertical o por el suelo, recuerdan a un grupo de danza moviéndose azarosamente pero de forma dramática. Por ejemplo a alguna ópera de Bob Wilson, pero sin una intención representativa o alegórica. Queda en el aire la pregunta de por qué se han elegido estos materiales y no otros, por qué una opción dramática y no una humorística, por qué dar prioridad a una performance de exploración formalista (es decir: un objeto e ir probando a ver qué sale, sin ningún objetivo) y no a una de ideas… Pero siendo un grupo de estudiantes tampoco parece necesaria una indagación crítica sobre su trabajo (que, en todo caso, habría de implicar a su profesorado).

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