Llorenç Barber, ‘L’apoteosi de l’escolta(r)’

atencion

Llorenç Barber (1948): L’apoteosi de l’escolta(r). Siete situaciones de escucha para Banda y Teatro Principal*

*Estreno absoluto. Encargo Ensems/CulturArts Música

Banda Sinfónica de la Sociedad Musical La Artística de Buñol

Miquel Angel Marín, clarinete

Montserrat Palacios, voz

GEA (Grup Experiment Arts) Adolf Murillo, teléfonos móviles y sistema Soundcool

Andrés Valero-Castells, director

http://ivm.gva.es/cms/en/programme/details/856-llorenc-barber–banda-sinfonica-la-artistica-de-bunol–apoteosi-de-lescolta.html

En el XXXVI FESTIVAL INTERNACIONAL DE MÚSICA CONTEMPORÁNEA ENSEMS. Valencia del 14 al 17 de mayo de 2014

http://ivm.gva.es/cms/en/contemporary-music-international-festival-ensems.html

 

En el clip de Domingo Mestre Desde el vientre de la ballena, accesible en el enlace  https://vimeo.com/97058487, se pueden ver imágenes y oír el sonido tanto del ensayo general como del propio concierto. Incluye además opiniones de distintos personajes y parte de la “arenga” de Llorenç Barber a la Banda, que nos recuerda a aquella de John Cage a una orquesta, publicada por el propio Barber en John Cage [Círculo de Bellas artes, Madrid 1985, p.95)

A la entrada del Teatro Principal unos ordenanzas reparten a los espectadores cuartillas con el siguiente texto:

CÓMO ESCUCHAR ESTE SONAR

(UN DECÁLOGO)

1. Nosotros hoy, NO actuamos EN “el Principal”, más bien hacemos cuanto está en nuestros cuerpos / instrumentos / trayectorias / desplazamientos / etc., para que sea el teatro mismo quien suene a sus anchas… y con él en estado sonante y vibrante, todos nosotros devengamos “principales”.

2. Puedes moverte para escuchar diferentes resonancias y distancias del espacio, o permanecer en tu sitio, pero ten en cuenta que tu respiración y tu riego sanguíneo suenan por ti: todo flujo suena y vivir es fluir. Todo lo que se mueve suena.

3. Si lo que no suena, suena, imagínate cómo y cuánto suena lo que decimos que suena…

4. No existe ningún sonido idéntico a otro, ni siquiera idéntico a sí mismo, descubre sus diferencias para no confundirlos.

5. Un sonido “deficiente”, mal emitido, o renqueante muestra sus entrañas y formantes con más claridad que uno terso y perfecto, atenderlo y llegar a disfrutarlo es aprender a vivir.

6. Las delicias de la imperfección constituyen la sal y hasta el ADN de una suculenta escucha.

7. Hay sonidos que nos embelesan y alimentan por la carga de resonancias y empatías que en nuestra memoria despiertan, y otros que por inusitados e inesperados espabilan más intensamente nuestra curiosidad. Nosotros aquí, jugamos con la memoria y el recuerdo, y con la sorpresa y lo distinto.

8. Nada aquí va a sonar con artilugios electrónicos y la amplificación será mínima: afina y atina y hasta agudiza tu escuchar. ¡Entrométete en el vibrar del aire!

9. Cuando la banda abandone el teatro para salir a la calle, ponte en pie y síguelos, anda y danza con ellos, hasta que callen.

10. La calle es nuestro ‘habitat’ y ahí es donde todos los cambios, mejoras y escuchas se condensan y ratifican.

Llorenç Barber. La Canyada, primavera 2014

 

Músicos de la Banda Sinfónica la Artística de Buñol, convenientemente uniformados, divididos en tres grupos: uno de ellos sobre el escenario y otros dos dispuestos uno a cada lado del teatro, en la zona de palcos laterales. Suenan golpes de sonido: notas breves con gran intensidad. Cuatro músicos vestidos de calle hacen sonar bramaderas: dos de ellos sobre el escenario, Llorenç y otro cómplice entre el proscenio y la platea.

Oscuridad. Pequeños sonidos. Un desfile de adolescentes uniformados con su camiseta salen por el pasillo operando dispositivos electroacústicos con sus móviles o táblets. Sabemos que se trata de Adolf Murillo i Ribes i el GEA (Grup Experiment Arts) que él dirige: sus alumnos del Institut de Secundària ‘Arabista Ribera’, de Carcaixent, y que la herramienta con la que trabajan es el SoundCool [“El GEA, practica el Soundcool: un sistema de creación colaborativa en donde a través de los teléfonos móviles los alumnos músicos controlan, vía wifi los ordenadores, y construyen música en tiempo real”]. Mientras tanto, Llorenç Barber se ha situado en el palco frontal o de autoridades, y tañe su campanario móvil. Los grupos de músicos de la banda dan alguna nota entre silencios.

El grupo del escenario baja y circula por los pasillos laterales y central, a veces metiéndose brevemente entre las butacas. El sonido abandona su centralidad y se desparrama por el espacio. Precisamente deviene una música espacial, que juega con la pluralidad de focos sonoros, atentando contra su funcionalidad técnica e institucional.

Parece que por momentos entran muchos más músicos; puede que en total haya entre sesenta y ochenta. Nuevamente sobre el escenario instrumentos primitivos (como lo eran los bramadores): largos tubos de caña (didgeridoos) suenan como voces guturales. Ciertamente es una apoteosis de la escucha: multiplicidad de focos, de instrumentos, de sonidos. Estamos en un evento mucho más allá de un concierto al uso, más allá de las que hemos disfrutado en las piezas anteriores (ver programa).

El director, desde el escenario, y dos personas más, una en cada lado de los palcos, se reparten la tarea de dirección. Las notas son individuales, aisladas entre silencios. A indicación de los directores, suenan unánimemente.

Momentos para la percusión. Los silencios se hacen más largos, indicados por los directores. Va creciendo la velocidad, más todavía, sonidos seguidos…

Desde ambos lados se lanzan puñados de papelitos que invaden completamente el espacio del Principal (ver imagen a continuación). Tomo algunos puñados: todos ellos son recortes de publicidad electoral del PP, parece que en pruebas de imprenta. ¿Es un gesto político del autor? ¿Es una iniciativa propagandística de algún espectador?

paperetsPP

La música ya ha devenido un continuo sonoro, una apoteosis. El movimiento de los músicos entre filas de butacas convierte al Teatre en un pasacalle, en una irrupción popular, si bien la música que se interpreta ha perdido ya su formalización burguesa.

El concierto se ha convertido en un acontecimiento. Rompen el espacio los gritos de Montserrat Palacios, como una suerte de manifestación salvaje (como los didgeridoos y las bramaderas), (aparentemente) indisciplinada.

No sólo los focos sonoros en su aspecto material, sino también, como se ha dicho, en su carácter institucional. Barber transgrede todos los usos funcionales e institucionales del Teatre Principal, el lugar por antonomasia de la escena burguesa.

Miquel Ángel Marín hace sonar un globo con sus manos. Desde los palcos más altos lanzan fideos gordos, de los de fideuà. Sonidos casuales, no sé si mínimos o máximos, irrumpen aportando nuevos focos de ruido. Montserrat canta privadamente a personas del público, desplazándose por el corredor central de la platea. Miquel Ángel toca el clarinete en el escenario.

Se da la luz en el patio de butacas. Desfilan los músicos saliendo por el pasillo central, tirando arroz al público como en una boda invertida. En primer lugar el abanderado (siempre presente en las actividades de las bandas), después el autor, Llorenç Barber, haciendo sonar un platillo sobre su cabeza y cantando virtuosos armónicos; Miquel Ángel Marín; el Director de la banda, Andrés Valero-Castells, y sus músicos, llevando el paso sin demasiado interés. La mayor parte de los músicos llevan un guante de plástico transparente, de los de servirse la verdura en los mercados. Salen a la calle y el público salimos detrás. Se meten por la calle Virués, la pequeña calle peatonal que hace esquina con el teatro. Cuando conseguimos llegar nos encontramos con una coreografía para banda de música que rompe todas las formalidades del medio bandístico: un caos musical en el que suena todo a la vez: los distintos instrumentos, el platillo de Llorenç, el clarinete de Miquel Àngel, la percusión… Todo deviene performance, acción. Los músicos se agachan y se levantan. Levantan sus instrumentos, gesticulan con ellos, los proyectan adelante o atrás. La acción termina con todos los instrumentos en el aire. Ha sido realmente apoteósico, intensísimo, sin duda más emocionante que una sinfonía. Muchos aplausos y bravos. Los músicos vuelven hacia el teatro en retirada, y en el pasillo entre el público algunos les vitorean. Junto a mí, un señor les grita: “Això sí que és música!”

Posiblemente algún musicólogo nos podría hablar de aspectos puramente formales, “musicales”, pero estamos en un ámbito que está más allá de lo sonoro-institucional. La proverbial “falta de respeto” al medio arquitectónico y simbólico, la importancia de la experiencia espacial del sonido más allá de su organización precisa, nos transportan a una posición privilegiada, virtuosa, ingeniosa y política de la música tras John Cage y Fluxus. Una música, además, con raíces, es decir, que sabe hacer uso de herramientas tan populares y poderosas como las tradicionales bandas de música –que existen en todos los pueblos del País Valencià.

Cabe plantearse también el contexto del evento: Posiblemente nunca se había producido en el Teatre Principal nada parecido a la propuesta de Llorenç, nadie había tenido esa audacia. Este evento se produce tras una marginación pública-institucional del trabajo y la persona de nuestro autor, tanto en el festival Ensems, que desde hace mucho sufre una deriva conservadora, como de la programación pública en la ciudad de València. ¿Qué ha ocurrido para que, de pronto, se abra el Principal a la experimentación de Llorenç y otros? ¿Se debe a la proximidad de elecciones? En cualquier caso, el oportunismo repugnante de los políticos valencianos en el poder ha permitido que Llorenç les meta un hito por el Principal.

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